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domingo, 31 de marzo de 2013

Emilio, el gnomo


                                                                           
Cuando decidimos construir la nueva casa, en plena cordillera y dentro de un frondoso bosque patagónico, hicimos una pequeña cabaña, en la que poder instalarme para iniciar el trabajo.

Fue una experiencia riquísima. 
No me alcanzaban las horas del día, para todo lo que necesitaba y quería hacer. Disfrutaba de una soledad apacible. Temprano estaba clavando las tablas de lo que más tarde sería el taller de carpintería. Cocinaba y hacía todas las tareas de la casa, que  habían sido, naturalmente, hechas siempre por mi mujer. Destinaba un par de horas a la lectura y a pasear por el bosque y la montaña. El vecino más cercano, estaba a cien metros de distancia y una barrera de zarzas y mosquetas, aumentaba esa distancia. 
Lilén, la pointer, era una silenciosa y grata compañera.

Un sábado, en el que caí rendido a la cama, una música pachanguera me taladró la cabeza. Intenté no escucharla, pero fue peor. Cada vez con más bronca, por el vecino desconsiderado, me revolvía en la cama. 
Mala será la convivencia si no arreglo esto, me dije y enfundándome el gorro de lana y un pesado abrigo, salí de la cabaña para cruzar el bosque en dirección a la música. 
Lilén ni se movió de su sitio junto a la salamandra.
La noche sin luna me mostró que ninguna casa cercana tenía sus luces encendidas, pero a la luz de la linterna seguí lo que me indicaba mi oído. Al terminar de bordear el galpón en construcción, me sorprendieron unas pequeñas luces dentro de un matorral de mosquetas, desde donde partía la música estridente.
Cuando me acerqué, con la linterna apagada, inclinándome a mirar, quedé helado y no por la temperatura.

Un numeroso grupo de gnomos, bailaban, bebían y gritaban mientras en un improvisado escenario una banda liliputiense, hacía vibrar sus pequeños instrumentos. 
¡ me cago en San Putas!, grité. Y se armó una desbandada de gnomos que corrían, llevándose sillas diminutas, cajas con botellas, apagando los faroles y emitiendo unos gritos agudos que me taladraban los oídos.
Aturdido volví a la cama. 
Dudaba de mi mismo. Yo no había bebido. La música ya no sonaba. Me levanté y bebí agua. Prendí la radio y la programación era la normal, ningún aviso de invasión extraterrestre ni de enanos vestidos de colores vivos.

Cuando el Sol me calentó la cara, me desperté. Puse agua para el desayuno, pero salí disparado en busca del matorral de mosqueta. Era un macizo de unos cinco metros de diámetro y en el centro, lo único se podía ver, era una amplia superficie limpia. Ni rastro de farolitos ni de gnomos. 
Mientras desayunaba, tomé la determinación de arrancar las zarzas y mosquetas. No estaba seguro de que lo visto durante la noche fuera real, pero si los hombrecitos del bonete rojo querían nuevas juergas, tendrían que buscarse otro sitio. 
Me armé de machete y hacha y antes del mediodía estaba quemando la maleza arrancada.
Mientras el humo gris se diluía entre las ramas de los cipreses, pensé que ahí terminaba todo. Pero no. Ese fue el inició de un verdadero viacrucis.
Comencé a perder herramientas. Las estaba usando y al intentar volver tomarlas, no estaban donde yo creía haberlas dejado. Inicialmente lo atribuí a confusiones u olvidos míos, pero un martillo, que dejo sobre el andamio, aparece en el tirante de la cumbrera. Si dejo la comida, enfriándose sobre la improvisada mesa junto al ciprés, se desplaza  sola y sin volcarse, hasta debajo de la leña para la estufa. Y lo peor; los zapateos en el techo durante la noche, la manta, que se desplaza hacia los pies de la cama, arrastrada por una fuerza que desaparece con solo encender la luz. Puertas que se cierran o abren sin razón.
No había que ser muy lúcido, como para no saber, que todo esto, era la venganza de los gnomos. Me harían la vida imposible, así que resolví buscar una tregua.

El siguiente sábado, dejé una caja de vino Valmont junto a una carta, en la que sin humillarme, pedía disculpas por la destrucción de su “bailanta” y de paso, les reprochaba, tímidamente, lo que sus festicholas significaban para alguien, que después de haber trabajado duramente, necesita descansar. Fue automático. No hubo más pérdidas de herramientas, ruidos extraños,  ni puertas que se abrieran o cerraran solas. Gran alivio.

Casi había olvidado estos incidentes y una tarde, que en cuclillas trabajaba en la instalación de un ramal de agua, al sortear unas grosellas, se me apareció un gnomo. Me quede duro y creo que me temblaba la barbilla. No medía más de veinte centímetros con el gorro incluido. Apenas un metro me separaba de él y pude apreciar su cara sonrojada, su mirada bonachona y una sonrisa irónica. Se me cayó la pico de loro de la mano cuando él me habló.
-          Me llamo Emilio, me dijo. Le vengo a agradecer lo del vino. No hacía falta. Estuvimos charlando entre nosotros y queremos que sepa que tiene usted razón. Después de tantos años de reunirnos en el mismo sitio, no tuvimos en cuenta que usted había llegado.

Lentamente me eche en la tierra, boca abajo. Los detalles de su ropa me atrapaban. Sobre todo la preciosa hechura de su cinturón, grueso, sobre su abultada barriga, aunque no debía exceder los seis milímetros de ancho y lo remataba una gran hebilla dorada, con la letra “E”, en relieve. Las botas eran del mismo material que el cinturón. Se dio cuenta de mi curiosidad.
-       
           Es de cuero de perdiz, y la hebilla me la regaló el Maestro orfebre de nuestra comunidad. Bueno, ya le dije que me llamo Emilio y usted?
Néstor, dije, Néstor Martínez. Soy de La Pampa y cuando termine la casa, nos instalaremos aquí con mi mujer y mis hijos.
-          Bueno Néstor, a partir de hoy, tiene usted un nuevo amigo. No cuente esta historia. No le creerán y además, dirán que está loco. Nos volveremos a ver.

Debo decir, que fueron casi diez años en los que frecuentemente, nos encontrábamos con Emilio en el bosque. Nos contamos nuestras vidas. El era un gnomo joven (108 años) y estaba muy ilusionado con su casamiento. Le gustaba hacer licores y mermeladas con los frutos del bosque y generosamente me transmitió sus recetas. 
Hoy me gano la vida gracias a sus enseñanzas.

                              Juan Martínez Autor - 4 de marzo 2013

miércoles, 27 de marzo de 2013

Vivir

He pensado muchas veces, sobre cuales son los obstáculos más importantes, que nos impiden ser felices.
Creo que antes de desgranar la consabida lista de salud, dinero y amor como elementos esenciales para alcanzar la felicidad, debemos buscar que cosas nos impiden el disfrute de una vida plena.
A mi entender, el mayor impedimento, es la no aceptación de la realidad. 
Pretendemos un Mundo a la carta, donde todo calce perfecto atendiendo a nuestras "necesidades" y deseos. 
Si aceptamos las condiciones externas, como inevitablemente invariables y nos adecuamos a ellas, afrontando la Vida como una sucesión de pruebas a superar, de las que saldremos enriquecidos, ya habremos dado un importante paso adelante. 
Lo contrario, la negación de la realidad, la queja permanente, nos llenará de frustración.

A la Vida venimos a aprender. Aceptar con alegría las pruebas y lecciones que nos da, es una saludable opción.

Tenacidad

PIU AVANTI !!!
No te dés por vencido, ni aun vencido
no te sientas esclavo, ni aun esclavo
Trémulo de pavor, piensate bravo
y arremete feroz ya mal herido

Ten el tesón del clavo enmohecido
que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo
no la cobarde intrepidez del pavo
que amaina su plumaje al menor ruido

Procede como Dios, que nunca llora
o como Lucifer, que nunca reza
o como el robledal, cuya grandeza
necesita del agua y no la implora

Que muerda y vocifere vengadora
ya rodando en el polvo, tu cabeza.

    Almafuerta (Pedro B Palacios, Argentina 1854 - 1917)

martes, 26 de marzo de 2013

Ellos supieron escuchar

    Carlos y Gudrum Lenkersdorf habían nacido en Alemania.
   En el año  1973, estos ilustres profesores llegaron a México. Y entraron al mundo maya, a una comunidad tojolabal, y se presentaron diciendo:
           - Venimos a aprender.
  Los indigenas callaron.
  Al rato, alguno explicó el silencio:
           - Es la primera vez que alguien nos dice eso.
  Y aprendiendo se quedaro allí, Gudrum y Carlos, durante años de años.
  De la lengua maya aprendieron que no hay jerarquía que separe al sujeto del objeto, porque yo bebo el agua que me bebe y soy mirado por todo lo que miro, y aprendieron a saludar así:
          - Yo soy otro tú.
          - Tu eres otro yo.


Eduardo Galeano 
Los hijos de los días

sábado, 23 de marzo de 2013

Bicibirloque

Jorge, el viajero que nos deleita con sus comentarios y excelentes fotos, parece que está dando fin a su experiencia de unir Alaska con Tierra del Fuego.
Ha realizado una nueva entrada a su blog: http://bicibirloque.blogspot.com.es, en la que nos permite conocer su experiencia en el sur de Chile y Argentina.
Vale la pena visitarlo.

 Este es Jorge.....
Esta es una de sus fotos del Fitz Roy

Y si arriesgamos ???


Tres sabios decidieron emprender un viaje, porque, a pesar de ser tenidos por sabios en su país, eran lo bastante humildes para pensar que un viaje les serviría para ensanchar sus mentes. 
Apenas habían pasado al país vecino cuando divisaron un rascacielos a cierta distancia. “¿Qué podrá ser ese enorme objeto?”, se preguntaron. La respuesta más obvia habría sido: “Id allá y 
averiguadlo”. Pero no: eso podía ser demasiado peligroso, porque ¿y si aquella cosa explotaba cuando uno se acercaba a ella? Era muchísimo más prudente decidir lo que era, antes de averiguarlo. Se 
expusieron y se examinaron diversas teorías; pero, basándose en sus respectivas experiencias pasadas, las rechazaron todas. Por fin, y basándose en las mismas experiencias -que eran muy abundantes, por cierto-, decidieron que el objeto en cuestión, fuera lo que fuera, sólo podía haber sido puesto allí por gigantes. 
Aquello les llevó a la conclusión de que sería más seguro evitar absolutamente aquel país. De manera que regresaron a su casa, tras haber añadido una más a su cúmulo de experiencias. 
Las Suposiciones afectan a la Observación. La Observación engendra Convencimiento. El Convencimiento produce experiencia. La Experiencia crea Comportamiento, el cual, a su vez, confirma las Suposiciones. 

Antony de Mello

martes, 19 de marzo de 2013

Ruta en Marruecos

La ruta pensada para el viaje en Marruecos es la siguiente:
Partir de Algeciras, cruzando a Ceuta en barco y dedicarle un día a la ciudad. Luego, por la costa del Mediterráneo pasar por Targua hasta El Jerbha. Desde este punto cruzar la cordillera del Rif, buscando la ciudad de Ketama, siguiendo por Tadunate con destino a la ciudad de Fez, la que según he leído  es la ciudad árabe mejor conservada, con una impresionante riqueza histórica, arquitectónica y cultural, por lo que sus callejuelas me acogerán por al menos dos días.
El recorrido continua buscando la cordillera del Atlas con Imousser Kandar, Ifrane, Azrou, Col du Zad (2180 msnm), Midelt, Tagalm, Kerrandou, las Gargantas de Ziz, Aoufouss, Erfoud, con una obligada visita a las dunas y posible pernocte en las mismas...
Este es inicialmente el fin del viaje en bici, buscando medios de transporte público para volver al estrecho, pero si todo está bien y dispongo de tiempo, es posible seguir por el palmeral de Jorf, El Gfifate, Gargantas de Dadès, Ouarzazate, Taferiate y final en Marrakesh, otra ciudad no contaminada por el turismo y con una atrapante vida propia. 
Desde aquí dispongo de tren hasta Tetouan, donde dispongo de barco para cruzar a España y dar por finalizado el recorrido.
En este trayectos, también existen muchos lugares de interés y ciudades importantes, que no enumero por no resultar tedioso, como también, seguramente surgirán imprevistos que justificarán desvíos o permanencias más prolongadas. Contemplo la posibilidad de utilizar camiones o taxis locales, para adelantar tiempo y evitar largas travesías en las desiertas zonas del Atlas.
Estoy utilizando para la diagramación del viaje, un mapa Michelín y algunas guías turísticas que retiro de la Biblioteca Pública de Sabiñanigo, como los relatos de otros ciclo viajeros.
La "máquina" a utilizar es una Giant, modelo Rock SE, mi primera bici en España (2004), utilizada también mucho tiempo por Carina y con varias Treparriscos en su haber. Las alforjas, son un obsequio que mi amigo y colega Chema Mata, me hizo el año pasado antes de mi viaje a Alemania.  

lunes, 18 de marzo de 2013

AJUSTANDO LA CARGA

Tengo previsto iniciar mi viaje a Marruecos, entre los días 5 y 10 de abril. Hace dos semanas que la rodilla derecha me está molestando, pero las placas radiográficas y el Doc Gabriel, me dicen que no hay problemas y solo es cuestión de unos días mas...
He hecho la lista de las cosas que llevaré y descarto los elementos de cocina, pues todos los datos indican que es muy fácil y económico comer en Marruecos. También el alojamiento es sencillo, pero de todas maneras llevaré la carpa (900 grs.) un saco de dormir con funda de seda y la colchoneta inflable. Ropa muy poca y los elementos normales de aseo, junto a cámara fotográfica y los cargadores. Las alforjas han resultado mas que suficientes y me queda todavía la bolsa del manillar y la carga que se puede llevar sobre el trasportín. Creo que iré con pocos kilos....
La idea es llegar hasta Algeciras en el motor-home y dejarlo en algún camping, para iniciar el viaje en la bici y usando el ferry, cruzar hasta Ceuta... ya en África .. un día para conocer a los colegas radio-aficionados con los que he contactado y comenzar la ruta, subiendo por la costa del Mediterráneo.
Estoy a la espera del la finalización del trámite, que me otorgue la licencia temporaria de radio aficionado marroquí. Realmente, me gustaría mucho poder operar como estación CN.
Seguiremos informando... se aproxima el inicio del viaje.

jueves, 14 de marzo de 2013

Religiosos

El Negro había acompañado a Raúl hasta Pozo del Tigre, en la frontera formoseña con Paraguay. Era unos de los habituales viajes de trabajo,  que este hacía, para visitar  las rudimentarias carpinterías que lo proveían de muebles para su negocio, pero también, para compartir horas de charla y tereré, con un grupo de religiosas, que dedicaban sus esfuerzos en búsqueda de mejorar las condiciones de vida de los pilagá.

Estas abnegadas mujeres, no estaban a la caza de feligreses. Bastante tenían que lidiar con la tuberculosis y las enfermedades venéreas, que los “blancos”, dejaban en las chinitas, a las que sometían de manera animal. 

Gente que adorna la vida, las hermanitas.

Después de varios días negociando compras y disfrutando de la hospitalidad de los formoseños, de madrugada, con la caja de la camioneta a tope de muebles, emprendieron el regreso a Bariloche. Tenían casi tres mil kilómetros de ruta, pero la charla, que nunca faltaba entre ellos, garantizaba que las horas tendrían menos minutos.

Cruzaron los puestos camineros de la frontera entre Formosa y el Chaco muy temprano y volvieron a cargar agua en el termo. Comieron un asado en un boliche de carretera y se turnaron para dormir la siesta, sin que el motor de la Peugeot tuviera sosiego. 

Estaba cayendo el sol sobre la planicie del norte santafecino, cuando pasando Vera, se encontraron con un puesto móvil de la policía de tránsito. Seguro habría que “adornar” para seguir viaje.

-          Buenas tardes – saludó el policía- ¿ De donde viene y adonde se dirige ?
-          Buenas tarde buen hombre – respondió Raúl con una sonrisa tonta- Somos religiosos y venimos de Pozo del Tigre. Nos han trasladado a Piltriquitrón del Limay y los feligreses nos regalaron estos muebles.
El Gallego ni se inmutó y también dibujó en su cara la interpretación de Santo Varón. Religiosos podían decir que eran, pero el funcionario interpretó esto como; “sacerdotes”. Las largas y tupidas barbas del dúo ayudaban. Se le ponía difícil al milico, obtener la “coima”.
-          Bueno padre, tiene algo para dejarnos ?
Eugenio, sumándose a la parodia,  se bajó de la camioneta y rebuscando entre los muebles, encontró una bolsa con pomelos, obsequio de las monjitas;
-          Aquí tiene hijo, son rosados y muy buenos….
-          Gracias, pero no me gustan los pomelos… alguna otra cosita ? El milico no encontraba el hueco para entrar.
-          No me quedan estampitas…. Dijo el Negro, sin que la beatífica sonrisa lo abandonara.
-          Que tengan buen viaje…  Cortó resignado el morocho.
Eugenio ya estaba en el asiento nuevamente y Raúl se despedía, repitiendo ese gesto de pelotudo místico. La camioneta había hecho varios metros y el Gallego se asomó por la ventanilla para gritar;
-          Que Dios los bendiga !!!!

Estaban llegando a Rosario y no podían parar de reír.
                                            
                                  Juan Martínez Autor, 22 de febrero 2013

Miedo

Nos envejece más la cobardía que el tiempo.
Los años solo arrugan la piel, pero el miedo arruga el alma.

           Facundo Cabral

domingo, 10 de marzo de 2013

Porque viajar....

Se puede viajar por muchos motivos. Desde trabajo, estudio, turismo.....

Pero también se puede viajar por la simple necesidad de hacerlo.

Esa necesidad, generalmente es innata... escapa a la razón, pero sí, puede ser aumentada por el conocimiento de lugares o destinos, que para el viajero potencial, encierran un particular interés.

Nací, apenas terminada la Segunda Guerra Mundial y cuando niño, las películas norteamericanas, nos mostraban la visión de los ganadores de esa guerra, pero también el horror que había significado para miles de millones de seres humanos. También las lecturas abonaban ese terreno y dejaron en mi una curiosidad muy fuerte por visitar determinados lugares, que tiene que ver con esa oscura etapa de la humanidad. 
En los meses de enero y febrero de 1977, viví en la isla de Okinawa, Japón y ahí se libraron los últimos combates entre japoneses y norteamericanos, cuando ya se habían arrojado las bombas en Hiroshima y Nagasaki y la contienda estaba virtualmente terminada. Visité Mabuni Itoman, donde existe un monumento conmemorativo de la Batalla de Okinawa, recordando a los 230 mil civiles inocentes caídos el encuentro (hoy serian "daños colaterales"). Ascender a la colina, por un camino bordeado por 44 parcelas, donde las 44 prefecturas japonesas recuerdan a sus soldados muertos en la guerra, con monumentos limpios y simples. Conocer algunos detalles y caminar la misma tierra donde apenas treinta y dos años antes, corrió tanta sangre, me marcaron profundamente y justificaron para mi, el viaje a Okinawa.
Tengo pendiente una visita a las playas de Normandía, por las mismas motivaciones.
Otro motivador de viaje, es la heroica resistencia del pueblo vietnamita a las sucesivas ocupaciones colonialistas de franceses y norteamericanos. Las lecturas de la prensa de la época y del libro de Oriana Falacci, la edad que yo tenía en los finales de la guerra, similar a la de los combatientes, y una inevitable toma de partido, me empujan a visitar las selvas y ciudades de Vietnam y conocer los sitios de trascendencia histórica y su esforzado y valiente pueblo. Espero poder concretar este viaje.

Pero no solo las guerras y sus dramas me plantean la "necesidad de viajar y conocer". Las experiencias de otros viajeros, me abren ventanas a paisajes, gentes, costumbres, sensaciones que en mi opinión, merecen ser vividas.  
Últimamente, los blogs de dos ciclo-viajeros, que cuentan con particular magia sus experiencias, le agregan leña de la buena a mis modestos sueños de recorrer lugares en bicicleta. Los vuelvo a recomendar, pues han sido actualizados muy recientemente; 
http://unviajedecuento.weebly.com  Salva Rodríguez está en el norte de Brasil y acumula mas de siete años de rodar por el planeta.
http://bicibirloque.blogspot.com.es  Otro viajero, que con breve magia poética y bellísimas fotos, trasmite  
sus experiencias, generando envidia (no se si sana...)

Son los "fueguitos, que encienden de solo mirarlos", como dice Eduardo Galeano.
Por eso Marruecos me llama y otros destinos me bailan, cada vez mas cerca y desvergonzados, provocativos.... diciendo "Vamos Raulito, que no hay futuro, la Vida es un eterno Ahora"

viernes, 8 de marzo de 2013

Inmigrante


                                                                         CARTA
Llegó a España a fines del 2001. Habían pasado varios meses y no conseguía cambiar su situación de inmigrante irregular.

No podía entender, que el estado, que le daba la bienvenida al sistema público de salud, otorgándole una credencial oficial, no lo reconociera como persona a los efectos del trabajo.

Su abuelo, Manuel Fernández, había hecho el camino inverso hacía más de un siglo. Dejó la miserable aldea de  Galicia, huyendo de la pobreza. A su espalda quedaba un futuro vació y al otro lado del océano, la esperanza de encontrar la dignidad que da el trabajo. Con solo eso, “esperanza”, llegó a Argentina y ahí encontró su lugar.

Hoy, Argentina se debatía en una caída interminable. Las mentiras y trampas de los poderosos de siempre, le habían robado el futuro. Así había llegado a España, pero la “Madre Patria”, lo trataba desde una amnesia colectiva, negadora de un pasado reciente, donde los desterrados eran sus hijos y borrando una deuda de solidaridad todavía caliente.

Escribió con pluma ágil. Sin pensar. Las frases ni siquiera pasaban por su mente. La mano era un instrumento, guiado por muchas manos callosas de inmigrantes iletrados, que nunca pudieron volver a España. La carta iba dirigida al Rey;

-          Soy Manuel Fernández que vuelve, y necesita “papeles”.
                                                                        
Juan Martínez Autor

lunes, 4 de marzo de 2013

Marruecos y la radio

Hoy he enviado vía fax, la documentación necesaria, para solicitar la licencia temporaria de radioaficionado en Marruecos.
Después de dos Mails y un fax no respondidos, intenté mediante el teléfono, pero el idioma es un serio obstáculo. Hoy por la mañana, gracias a mi Hansei de bici, Luis García, que se reveló como franco parlante de primera categoría, oficiando de interprete- intermediario, pude obtener todos los elementos necesarios para hacer el trámite.
Espero poder llevar mis cacharros de radio y en los descansos, montar un pequeño mástil de fibra y así comunicar en telegrafía.
Desde luego, como todos los radioaficionados hacemos, estaré atento a cuanta antena vea en los pueblos o ciudades y tocaré el timbre para presentarme y si me invitan, operar alguna estación fija, con mayor potencia y mejores antenas.
La duración de la gestión es de unos 30 días y a penas lleguen los "papeles" saldré para Äfrica.....
Que ganas de empezar.....